Turbinoplastia por radiofrecuencia

Nariz , , , ,

Turbinoplastia por radiofrcuencia o

Radiofrecuencia de cornetes

¿Qué es?
 Es la reducción del tamaño de los cornetes, para mejorar la respiración nasal.
 El cornete está compuesto por hueso en su parte central, rodeado de una gran cantidad de vasos sanguíneos y recubierto por mucosa nasal. Su función consiste en filtrar, calentar y humedecer el aire que pasa por la nariz; además, al crear una resistencia, prolonga el tiempo de inspiración, dando más tiempo a que el aire esté en los pulmones y la sangre extraiga el oxígeno.

¿ Por qué hay que hacerla?
 Si tienen un tamaño excesivo, crean dificultad para respirar. La hipertrofia de los cornetes puede ser de crecimiento o inflamatoria (resfriado, alergia) y provoca la aparición de diversos síntomas directos e indirectos. Los síntomas directos están relacionados con la nariz, como dificultad para respirar o propensión a sinusitis. Los síntomas indirectos afectan a otros órganos, como ronquidos, molestias o infecciones faríngeas de repetición, molestias o infecciones óticas entre otros.

¿ Cómo se hace?
 La cirugía se realiza a través de los agujeros de la nariz (narinas) y no afecta permanentemente a la forma de la nariz (no confundir con rinoplastia). La operación se hace bajo anestesia local de forma ambulatoria y suele durar entre 5 y 10 minutos (en niños se haría en quirófano, bajo sedación); normalmente no debe dejarse un taponamiento en la nariz aunque puede ser necesario en alguna ocasión.
 La técnica consiste en insertar la sonda de radiofrecuencia en la cabeza del cornete y realizar un túnel a lo largo hasta la cola (en total unos 5-6 cm); la operación se repite entre 3 y 4 veces en cada cornete. La radiofrecuencia produce una lesión muy localizada y no lesiona la mucosa nasal, por lo que las molestias que produce son mínimas y la herida es uno o varios pinchazos (por el que se introduce la sonda).

 

¿ Cuando se hace?
 En la mayoría de casos, la indicación la hace el paciente, que percibe una disminución en su calidad de vida por los síntomas derivados de su insuficiente respiración nasal y quiere mejorar.
En algunos casos, la indicación la hace el especialista, es decir, el paciente no percibe una merma en su calidad de vida, pero la intensidad o gravedad de los síntomas indirectos que esta provoca, hace recomendable la intervención. Algunos ejemplos de estos casos serían la disfunción de la trompa de Eustaquio en buceadores o pilotos, ronquidos intensos, no tolerar un CPAP (máquina que se pone a los pacientes que tienen apneas severas), sinusitis de repetición o infecciones crónicas del oído, entre otros casos.

¿Qué complicaciones pueden aparecer?
Las incidencias en esta cirugía no son muy frecuentes; las infecciones son raras y el dolor postoperatorio tampoco es intenso; incluso el sangrado no suele pasar de manchar un pañuelo al sonarse, aunque en raras ocasiones puede ser necesario un taponamiento para controlar el sangrado.
La anestesia que se usa es la misma que en el dentista, por lo que alergias o complicaciones derivadas de su utilización son extremadamente raras.

¿Qué precauciones debo tener tras la intervención? 
 Como hemos comentado, la complicación más frecuente (aunque rara) es la hemorragia, por lo que las principales precauciones son para prevenirla. Durante los primeros días tras la intervención deben evitarse el ejercicio físico, calor intenso (saunas, duchas muy calientes) o tomar aspirinas.
 Durante unas semanas, el proceso de cicatrización producirá costras nasales, que serán retiradas por el especialista; para limpiarse la nariz, lo más recomendable son los lavados nasales con agua marina o suero fisiológico.